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miércoles, 9 de octubre de 2013

BADAJOZ 4 - LA NOCHE EN BLANCO - 7 DE SEPTIEMBRE DE 2013

                             
                                                     foto:carmen cano durán © ® 



                                 

                                 



                                             

BADAJOZ 3 - LA NOCHE EN BLANCO - 7 DE SEPTIEMBRE DE 2013


                                                  foto: carmen cano durán © ® 


                                                  foto: carmen cano durán © ® 


                                   


                                                       foto: carmen cano durán © ® 

BADAJOZ 2 - LA NOCHE EN BLANCO - 7 DE SEPTIEMBRE DE 2013


                                                 


                                                 foto: carmen cano durán © ® 


                                                    foto: carmen cano durán © ® 


                                                   foto: carmen cano durán © ® 

BADAJOZ I - LA NOCHE EN BLANCO - 7 DE SEPTIEMBRE DE 2013

                                               
                                                    foto: carmen cano durán © ® 

                                                     foto: carmen cano durán © ® 



                                                  foto: carmen cano durán © ® 


                                                      foto: carmen cano durán © ® 


EJEMPLARIZÁNDOMEANDO - EJEMPLARIZÁNDOTEANDO

                                                              

EJEMPLARIZÁNDOMEANDO - EN PRIMERA

Desdeñosa contoneo mi arrogancia

Acusando con horrible figura
Gesto insolente de nula finura
Desdicha que a otros brindo torpe y rancia.

Parca gramática burlo sin gracia
Cuento y poesía entorpecen mi cura
Absurda convierto en cierta locura
Y a la lengua la dejo grave y lacia.

Mi enajenación presume amigos
En tabernas, cuando me place empate,
Son de quienes hablo mis enemigos.

Para narrar tan trivial propia vida
Arranco retazos de otras ajenas.
Y mi ridículo aumenta y se anida.

Carmen Cano Durán © ® 


EJEMPLARIZANDOTEANDO en segunda


Desdeñoso contoneas tu arrogancia
acusando tal horrible figura
gesto insolente de nula finura
desdicha que a otros brindas torpe y rancia.

Parca gramática burlas sin gracia
cuento y poesía entorpecen tu cura
absurdo conviertes en falsa locura
y a la lengua la dejas grave y lacia.

Tu enajenación presume amigos
en tabernas, cuando te place empate
son de quienes hablas tus enemigos.

Para narrar tan trivial propia vida
arrancas retazos de otras ajenas
y tu ridículo aumenta y se anida.

Carmen Cano Durán © ® 

Children of the Revolution - Ragizi Apopse

ME PERTENECE

ME PERTENECE

Me pertenece el aroma
de tu cuerpo.
El aroma de tu cuerpo
una tarde del pasado.
Quizá el primero.
Me pertenece tu abrazo
envolviendo este frágil cuerpo.

Volteo la imagen.
Aparezco respirándote,
recostada,
escuchando la vida desde tu pecho.
Me pertenece tu felicidad,
Me la quedé entonces
Y ahora aún me la quedo.
y las yemas de tus dedos
acariciándome un sólo instante
que se convirtió en eterno.
Si dependiéramos por entero
desearía no tenerte,
para poder tenerte de nuevo.
Más, para esperar desde la espera.
Mírame, -dices-
Y yo la intensa tristeza me la reservo,
ya no te la muestro,
la voy transformando en deseo
para que lo respires,
por la mañana,
por la tarde,
en la madrugada,
en cualquier instante,
o cada vez que te veo.
Carmen Cano Durán © ® 



jueves, 23 de mayo de 2013

REGRESAS


REGRESAS..

Ahora inflamado por cierta
Brisa que parece te ahoga.

Con el desgaste a cuestas
De un comportamiento tan callado.

Ahora quieres acortar aquéllas
Distancias tan amarradas

No sé a qué debidas,
Pero se guardaron las palabras.

De nada sirve que la pasión
Permanezca, o crezca,

De nada sirve apurar
Una mirada, y guardarla

Como una caricia imaginada.
El parpadeo se sorprende

Y se acomoda en una lágrima.
Regresas aterido

No sabes cuánto ofrecería
Por quitarle ese frío

A tu alma  adherido.
Regresas despierto y estás tan dormido

O tal vez tan disperso
Entre techos y suelos

Que jamás compartimos.
Tu deseo es bravo

Pero tu cuerpo camina herido,
Maltrecho, entre tanto gentío.

Carmen Cano Durán  © ® 

miércoles, 22 de mayo de 2013

A BATALLAS DE AMOR, CAMPOS DE PLUMA ( a la manera de R. D. Laing)

ELLA

No le gustaron nunca los encuentros furtivos,
con jóvenes muchachas de alquiler,
de modo que inventó una amante mecánica.
Podía encenderla y apagarla.
Con ella se sentía relajado y feliz.
Colocaba un espejo sobre el rostro,
y la besaba sin cesar, con furia,
penetrando el abismo de su alteridad.
Su cuerpo era de plástico,
con una piel suave no del todo insincera.
Sólo una voz metálica anunciaba la monotonía.
En noches como esta solía sonreír
y él la abrazaba con desenvoltura
manteniendo, no obstante, una cierta distancia
para evitar el riesgo de la dependencia.
La había construído con toda precisión
y también, por tanto, podía destruirla
caso de no cumplir con sus obligaciones
( por ejemplo decirle con ternura
" bienvenido al hogar; héme aquí, tuya soy",
o anotar las llamadas de teléfono).
Una tarde de marzo, discutiendo con ella,
le rompió el corazón en mil pedazos.
Nunca encontró la pieza de repuesto.
Y ahora que ya no está, mira el muro vacío,
los objetos de mimbre que tanto le gustaran,
sus huellas imprecisas sobre el aparador.
Siente un olor difuso, melancólico.

EL
No me gustaron nunca sus encuentros furtivos,
con jóvenes muchachas de alquiler,
ni entendí el modo en que trató de amarme.
El poder de apagarme y encenderme
fue levantando un muro entre nosotros,
frágil como la brisa junto al mar.
Nunca fue su mecánica nada importante para mí.
Me colocaba espejos sobre el rostro,
y me besaba sin cesar, con furia,
lanzándome al abismo de su alteridad.
Mi cuerpo era de plástico en sus manos,
y yo sentí mi piel como una sábana
hecha de desencuentro y monotonía.
En noches como esta solía sonreír
y él me abrazaba con desenvoltura
manteniendo, no obstante, una distancia
para evitar el riesgo de depender de mí.
Me había imaginado con tanta precisión
que también él podía destruirme
caso de no cumplir con mis obligaciones
( por ejemplo decirle con ternura
" bienvenido al hogar; héme aquí, tuya soy",
o anotar las llamadas de teléfono).
Una tarde de marzo, ( ya he olvidado por qué),
me rompió el corazón en mil pedazos.
Nunca encontró la pieza de repuesto.
Y ahora que ya no estoy, me siento frente a él,
lo miro absorta cómo me contempla,
cómo busca mi cuerpo en la pared vacía,
en objetos de mimbre donde nunca estaré,
cómo reconstruye mis huellas sobre el aparador.
Siento un olor difuso, melancólico

del Poeta Jenaro Talens perteneciente al libro "Orfeo filmado en el campo de batalla"




jueves, 16 de mayo de 2013

ACASO

ACASO...

Permanezco impasible
tras una ventana extraña
en estas tardes que ya asoman
tan tempranas.
La luz es más perdurable
a pesar de la anochecida que se avecina.
Luz cansina
en esta oscuridad tan osada.

El humo de un cigarro
necesita escapar y lo consigue
con la sencillez de lo efímero.

Todo revolotea a mi alrededor.
Me siento atrapada.
Caen sobre mi cuerpo
gotas de lluvia inflamadas
con sonidos de tantas mañanas.
Suspiros que viven en ellas
me golpean.
Permanezco.
Sobrevivo.
Que es más que vivir.
Y vivo, que es mucho más aún.
Y sueño siempre.
Este sueño que me lleva a algún lugar distinto,
algún lugar repetido en la memoria.

Y entre tantas vidas escogidas,
hoy, todavía, a pesar de todo,
me quedo contigo.
A pesar de estas tardes,
que con tanto dolor
duermen, acomodadas, en los años de mi vida.
A pesar de tanta carga, y de la nostalgia.
Tardes. Una jornada. Una más. Cuánta densidad.
Las de ayer que pasaron tristes.
Esta tarde que tanto duele.
Las tardes de dolor,
que me quedan por estar.

Carmen Cano Durán  © ® 
foto: carmen cano durán © ® 

jueves, 2 de mayo de 2013

VACÍOS

Huérfanos se quedan estos ojos míos
tras la despedida.
Ramas de un almendro en otoño.
Sombríos.Rígidos.
Carentes de música callada
y mariposas que me adornaban.
Mi deambular es lento
formando un círculo demasiado pequeño
que siempre me empuja al mismo mundo
Película proyectada para nadie.
La sala vacia.
Armonía muy débil y turbada.
Mis centinelas, mis ojos,
se quedan desamparados. Vacios.
Separación indecente y desengaño.
Están huérfanos estos ojos míos
que conocieron el honor, la dicha
quizá como un espejismo.
Ahora también la derrota.
Mis ojos no reaccionan
a pesar de ti permanecen navegando
a la deriva
sobre las aguas endiosadas
de algún río de la Grecia antigua.
Estos ojos míos se visten de un triste oscuro.
Guarida de mi desorden.
Guarida de mis alegrías.
estos ojos míos se quedan huérfanos
cada vez que de mí te separas.

Carmen Cano Durán © ® 

Imagen: Carmen Cano Durán © ® 

sábado, 20 de abril de 2013

UN AROMA A REALIDAD


Un aroma a realidad

Aquella tarde no la recuerdo muy bien. Tampoco recuerdo si era fría o calurosa. Continuamente siento la necesidad de controlar el tiempo, el que hace y en el que vivo. Digamos que me ofrece cierta tranquilidad. Y lo contrario puede desquiciarme hasta un nerviosismo sin igual.
Tengo una borrosa idea de la sala de estar. No acierto a recordar la distribución de los muebles  que en tantas ocasiones cambié de lugar.
Vamos, - intenta recordar -,  me digo.
 Pero resulta del todo inútil. Mi habilidad se ha reconvertido en impaciencia.
 Debes recordar, - me repito -, pero esta insistencia es aún peor, y lucha en guerra silenciosa contra los malditos bits de mi cerebro. Les llamo estafadores, y utilizo palabras malsonantes aún sabiendo que me insulto a mí misma.
Nada sucede, nadie contesta, ni siquiera yo me respondo y parezco aletargada.
-          Estafadores, ¿ acaso no conocéis otra forma de imponerme vuestro castigo que con la huída de ideas y el olvido intermitente? Esto ya no es nada nuevo. ¿ no tenéis algo diferente para mí? ¿ me podéis ofender de alguna otra manera?
Mantengo la mente lúcida, también esto me sorprende. En este preciso instante no dialogo con nadie.
 -¿ dónde estás, pepito grillo?-
 Este grillo no es mi conciencia. En ocasiones puede ser un intuido pensamiento ajeno. En ocasiones soy yo misma en situaciones diferentes y hasta figuradas. Puedo ser yo en un pasado, o quizá en un futuro imaginado. Pero este grillo no es mi conciencia. Pepito grillo es un cri-cri que en el pasado me ocasionó demasiadas molestias. Pepito grillo me hizo llorar, me hizo pasar miedo, pero probablemente hoy lo echaría tanto de menos que no creo pudiera vivir sin él.
- Pepito, respóndeme – insisto indignada- pero ahora  le parece oportuno ignorarme.
Mi cri - cri está dormido. Esto hace que me sienta ciertamente abandonada, el presagio de mi propia despedida.
Miro hacia el vacío sin fijar la mirada en ningún lugar determinado. Sé que es una forma de perder el tiempo, una manera como otra cualquiera de rendirse a los instantes. Y pierdo el tiempo. Me dedico a perderlo de manera escandalosa, soy plenamente consciente, a veces me gusta, lo disfruto, y por este motivo no me arrepiento de ello.
Me acomodo en el sofá. Decido ponerme cómoda porque intuyo que voy a estar durante el resto de la tarde en esta posición. Puedo pasarme así durante horas enteras,  haciendo nada.
Aquel día ya caía la tarde. De las tardes jamás me olvido. Puedo olvidar la mañana, quizá una madrugada, pero jamás una tarde. Las mañanas pueden llegar a ser diferentes. Las noches guardan un misterio impenetrable. ¿ qué podría sorprenderme de la decadencia que me trae la tarde? El declive es siempre tan esperado que me parece vergonzoso.
Recordar. Qué ejercicio más absurdo cuando el archivador está vacío. La documentación de esta carpeta se ha extraviado. Las imágenes también se han borrado.
-¿ hay alguien divirtiéndose entre las nubes de mi cerebro? ¿ me oís?
-          Todos duermen -, algunos descansan, otros han desaparecido para siempre.
No voy a forzar mis recuerdos durante más tiempo. Me niego. Que regresen cuando quieran, aquí estoy, siempre estoy aquí.
Aquella tarde existió. Aquella tarde la viví, y de qué manera. Está grabada con frío en mis entrañas y hay fríos que no se pueden olvidar.
Ahora sí. La habitación comienza a oscurecer, pero permanezco impasible.
- Debes salir a soltar el perro – me digo – ya parece tarde.
Me incorporo con bastante esfuerzo. Me dirijo hacia la ventana. Me asomo y miro a través del cristal.
 Está oscuro – pienso- la granja de enfrente tiene sus luces encendidas.
 Qué importa – susurro- . en este lugar da lo mismo tener el perro fuera o dentro. En este lugar dan lo mismo las luces. Mi camioneta está afuera, y yo estoy dentro. Hay demasiado silencio, por eso lo demás no importa.
-¿ dónde dejé los pétalos de rosa?
Me dirijo sin ánimo hacia el aparador. Los busco sin éxito. Quizá en este otro lugar..., - no -, tampoco ha habido suerte, no los puse aquí. Quién sabe si los guardé en alguna de mis cajas de madera.
Sí, - me digo- creo recordar que las guardé en una caja de madera, sin embargo no recuerdo en qué maldito lugar he puesto esa caja de madera.
No busques una caja color caoba - me advertí-   la pintaste de un verde horrible la pasada temporada ¿ recuerdas?, - ese día sí lo recuerdas ¿verdad?
- Sí, ese día lo recuerdo.
 Debo buscar una caja de madera, una caja de madera de color verde, quizá de un horrible verde.
- Sí, ese día lo recuerdo muy bien, hay días que no recuerdo, pero de aquella tarde no me he olvidado. La caja está tallada a mano, la adquirí ya tallada, y no es muy grande, sé que no es muy grande. ¿ realmente hace tanto tiempo que no veo esta caja? Es curioso, no la había echado de menos. Es probable que guarde demasiadas cajas.
Los pétalos los puse en el cuarto de baño, en el armario del cuarto de baño, aunque no lo recuerdo, pudiera ser que los guardara en esa caja, podría ser que estuviera pensando en otra cosa cuando las coloqué allí, y por este motivo no lo recuerdo.
Sí, sin duda lo hice de manera automática. Por este motivo no lo recuerdo.
Suelo olvidarme de incidentes, de vivencias, puedo incluso olvidarme de mi vida entera. Pero los objetos los coloco siempre en el mismo lugar  para que esto no suceda, y  por esto me resulta extraño no encontrarlo.
A veces subo o bajo tiestos del almacén, me llevaría la caja sin reparar en ello?
En la planta principal de la vivienda hay un cobertizo. El cobertizo está lleno de tiestos para macetas; tiestos de barro cocido, tiesto de plástico, tiestos de madera, tiestos grandes y pequeños, tiestos monocromáticos, tiestos esmaltados, tiestos pintados a mano, tiestos de enea y también de bambú. El almacén está lleno de sacos con tierra; tierra vegetal, tierra abonada y otros compuestos orgánicos para las plantas. El almacén también resguarda los aperos de las plantas, los árboles y el huerto.
El almacén está desolado. ¿Habrá alguien en el almacén? ¿ por qué pienso en ello? 
- No debo pensar en ello. – venga, piensa acerca de otra cosa- no resulta demasiado difícil- no debes tener miedo. ¿ dé qué me serviría tener miedo?  Estas escaleras son frías, están oscuras.
Pero es una sensación que ahora no me afecta. Es sólo una sensación. ¿ podría salvarme la luz si la encendiera?, no, claro que no, o quizá sí. Ahora soy una persona ciega y las luces no pueden ayudarme. Tengo una barandilla, me es suficiente, lo demás me da igual.
No es de extrañar que me llevara la caja al invernadero. Allí cuelgan miles de flores boca abajo, allí se secan, y allí crecen las que aún viven.
 Bajo las escaleras, y por primera vez, he dejado de tener miedo a la oscuridad.
¿qué miedo puedo tener a la oscuridad? La verdadera oscuridad está en mi mente, en mi cerebro, y no encuentro la manera de desprenderme de esta oscuridad. Lo demás ahora no me importa, sobre todo cuando la oscuridad es insoportable. Lo demás carece de importancia. He intentado encontrar cualquier forma para aliviar el sufrimiento, todo ha sido inútil. Estoy cansada, y estoy tan cansada que ni siquiera lo estoy. Me mantengo ausente, ausente de todo, ausente de todos. Me prohibo molestarme, ni siquiera me molesto esforzándome en conseguir algo perdurable para mi alma. Algo que pueda aliviar el dolor que siento.
– pero qué dices, ahora no sientes dolor, ahora no sientes nada -.
- sí siento, me obstino a veces en resolver esta situación.
- no sientes nada
-¿acaso no es el mayor de los dolores?
- mírame, mírate,
- qué más da.
- sí, tengo mal aspecto
- piensas hacer algo para remediarlo?
- ahora no me apetece, quizá luego, quizá más tarde, o más adelante. En este preciso instante no tengo intención de hacerlo
-¿dónde he visto la maldita caja verde?, quizá junto a la ventana.
Llevo dos horas intentando encontrar los pétalos de rosa. ¿ a qué se deberá esta cabezonería ?
Pocas cosas abandonadas en este lugar parecen pertenecerme. Y aún así qué más da.
Si una imagen que vieron mis ojos,  un recuerdo, una emoción, un sentimiento, no son perdurables a pesar de haber vivido en la cuna de mi alma, ¿ no puede dejar de pertenecerme un simple objeto? ¿ la materia?
En ocasiones únicamente te queda aquello a lo que te puedes aferrar sabiendo que es real. Aquello que ves con los ojos en el preciso instante, los aromas que te llegan y te despiertan la memoria, o lo que puedes acariciar. Esto es la realidad.
Hay demasiadas ausencias en mi memoria. Hay demasiadas emociones alejadas de mis manos.
Aquí están las flores.

Abro la caja despacio. Estoy triste, pero da igual. También llegas a acostumbrarte a  vivir en un estado semejante.
Este verde no es un verde bonito. Los pétalos están intactos. La caja huele al pasado, como siempre. Estos pétalos huelen a unos meses de mi existencia. Este aroma me ofrece realidad. En este preciso instante gozo de una porción de realidad.
Me dirijo al cuarto de baño. Coloco la caja sobre la repisa del cuarto de baño. Apoyo mis manos encima del lavabo. Acerco el rostro al espejo. Han aumentado los granos. Tengo la cara llena de granos. Y tengo las facciones muy pronunciadas, demasiado pronunciadas. Estoy algo despeinada, pero no me importa.
¿ no crees que deberías arreglarte un poco? – me insinuó-
no, no creo que deba arreglarme un poco, - me digo – de hecho no voy a arreglarme ni un poco ni nada..
Abandono la sesión del espejo. Camino de nuevo a la sala de estar. La sala de estar es donde más estoy, porque al menos físicamente me siento allí a descansar. Otras veces a imaginar, y entonces no estoy plenamente en la sala. Entonces solamente estoy en la sala de estar a medias, sin estar.
El equipo de música tiene bastantes años. Lo adquirí por poco dinero en una tienda del pueblo de al lado. Lo adquirí al poco tiempo de venirme a vivir aquí. El equipo funciona perfectamente, y eso me parece suficiente.
Al pueblo subo una vez a la semana. Generalmente subo los sábados al mercado, coloco mi puesto de plantas y flores. Vendo las que la gente quiere comprar.
El sábado suelo desayunar bollos recién hechos en la plaza del pueblo. Lo acompaño con una gran taza de café en la taberna de Dña. Concha.
Algunos sábados, si hay morriña, y todo me da igual, no subo al pueblo. Si subo al pueblo el sábado y la jornada se ha dado bien, realizo algunas compras para la semana. Suelo comprar pescado fresco, algunas latas y café. A veces se me antoja  fruta o verdura de las que no puedo cultivar.
Miro de nuevo lo que me rodea. Me acerco más al equipo de música.
Cojo algunos discos para ver qué me apetece escuchar. Los voy soltando conforme decido que nos es el momento. O  si lo encuentro algo desfasado, pese a que mañana quizá piense lo contrario.
-          este es un buen disco, una buena obra.
La flauta mágica, Mozart. Aún permanece la pegatina con mi nombre cuando lo aparté en la tienda de discos.
Extraigo el vinilo con cuidado. Lo hago con bastante cuidado. ¿ quién sabe cuántas personas pueden disfrutar con esta música mientras esté en buen estado?
La aguja tiene polvo. Me agacho para coger el cepillo. Cojo el cepillo y se lo paso un par de veces con delicadeza. Coloco la herramienta en su sitio, y cojo el que utilizo para limpiar el disco. Realizo la operación con suavidad.
Coloco el brazo de la aguja sobre el vinilo.
- crac, primer sonido del disco. Silencio.
- crac, silencio
ha quedado alguna motita de polvo. La aguja aún no está leyendo.
Comienza la música, - magistral.
Nadie se beneficia de este instante que es para mí. Nadie interfiere en las fracciones musicales. A nadie molesto. A nadie.
Subo el volumen. ¿ cómo podría escuchar la ópera si no ?
Me dirijo de nuevo al baño. No me miro en el espejo porque carece de importancia. Me acerco hasta la bañera. Me aseguro de que el tapón está bien colocado. Giro la manilla del agua caliente. El agua sale fría. Es lo mismo. Esto no importa. Giro la manilla del agua fría para que la bañera se llene antes. No está tan fría. La música se oye muy bien desde aquí. Esto está bien. Sonrío mientras me digo que si hablara conmigo misma tendría que elevar el tono de  voz para poder escucharme. Tras decirme este comentario, sonrío más aún.
 En ocasiones ayuda elevar mínimamente el tono de voz. Sobre todo ayuda cuando la tertulia mental se hace insoportable. Pero hoy han decidido descansar. Hoy puedo hablarme en silencio. Sonrío de nuevo mientras lo que parece una tímida lágrima desciende por mis ojeras. Me limpio sin dar importancia a este hecho. Una ambivalencia más dentro de un infinito mundo de ambivalencias.
Hoy mis pensamientos son silenciosos. Aunque alguna pequeña discusión se manifiesta. Hoy no ha habido tertulia, pese a que los he convocado.
La caja de madera verde está sobre el lavabo. Cojo de nuevo la caja de madera. Y cojo un puñado de pétalos de rosa que derramo sobre el agua de la bañera.
Estas rosas no tuvieron oportunidad de completar el ciclo biológico. ¿ habría sobrevivido alguna al ciclo de la vida?
La rosa cae de la rama. La rosa contiene semillas. Semillas que caen a la tierra. Agua, luz, temperatura. ¿ habría podido existir un rosal?
Esas rosas serían más rosa que la primera de la que nacieron?
Esto no me conviene. Se me aturde el pensamiento. Debo dejar de pensar. Murieron hace tanto, y aún conservan el aroma.


Vierto el contenido de la caja sobre el agua. Añado aceite con camomila.
Me arrodillo sobre el suelo. Agito el agua con mi mano derecha.
Voy hacia el interruptor de la luz y lo apago. Apenas se ve. La habitación contigua tiene una lámpara encendida.
Comienzo a quitarme la ropa tranquilamente. Despacio.
Estoy muy delgada – me digo -. Demasiado delgada. El rostro está demacrado
Mientras, la ópera avanza. No puedo quedarme sin música. Cuando termine de desvestirme voy a poner la obra desde el principio.
Me dirijo hacia el giradiscos, con la mirada serena, pero clavada en el vinilo. A penas seis o siete pasos nos separan.
Le doy al botón automático para asegurarme que el temblor de mis manos no dañará los finos surcos. El brazo sube lentamente y se coloca en el soporte. Le vuelvo a dar al automático y se levanta discretamente. Lo posiciono justo encima del primer surco
Creo que lo he colocado correctamente, - me digo -.
Sujeto la palanca y la bajo muy despacio.
-          crac -, silencio.
-          Crac -, silencio, - crac, silencio.
Jamás acierto a la primera con un disco. Comienza la música.
Siete pasos de vuelta. Estoy desnuda. Estoy delgada. Tengo frío. Agito el agua con la mano, añado jabón y vuelvo a agitar. Apenas se ve el fondo de la bañera, la superficie está cubierta con pétalos que comienzan a volverse transparentes. La espuma resalta los colores. Decido entrar en la bañera. Esta música es sublime. Los violines bailan. La soprano tiembla. Estiro las piernas a lo largo de la bañera. Respiro profundamente. Vuelvo a respirar. Me guardo el aire. Me sumerjo entera. Abandono el exterior. La muerte dulce. Apenas oigo el exterior. Sólo estamos yo y yo misma. Pepito grillo me ha abandonado. Escucho la música muy lejos de mí. Permanezco en esta posición. Todo es tranquilidad. ahora ni yo misma me acompaño.
De aquella tarde no recuerdo mucho más.
Una ópera. Un aroma. Un adiós.

Carmen Cano Durán  © ® 



domingo, 7 de abril de 2013

SOMBRAS I

                                                   foto: carmen cano durán © ® 

EN BUSCA DE LA FELICIDAD


FRAGMENTO DE LA PELÍCULA - MEJOR IMPOSIBLE-


LOU REED -WALK ON THE WILD SIDE-


NO PUEDO ABANDONARTE...AUNQUE QUISIERA




Cederme contigo secretamente
Para poder dejarte
Para regresar y volver a amarte.

Son las cinco en punto de la tarde
Esta ciudad se calla y arde
Mientras resurge un monólogo
Inacabado y me presiento
Tan cobarde.

Intenté continuar tus pasos
Allá por cada calle
Lo intenté, de veras,
Pero se hizo demasiado tarde.

La inocencia no aguarda.
Los pasatiempos
Convierten a los pies en frenéticos
Lo intento, aunque a veces quiero,
Creo que no quiero abandonarte.

Cederme contigo para marcharme
Después, y llegar hasta laberintos azules
Que me ciegan tránsitos de caminos
Y algún destino que casi adivino.

Toma tu gin -tonic ,grecolatino,
Yo tomaré un vino
Parecemos habitantes de universos
Distintos.
Todo lo intenté, y hasta me creí ser
Un ente hecha de mercurio.

Pero hoy es jueves,
Las cinco en punto de la tarde
Hay un mimo en mis pestañas
Y me preparo para verte de nuevo.

Puedes creerme que lo intenté
Cada instante,
Que tanto amor era cierto
Deseaba cederme contigo
Para poder abandonarte
Quedarme desamparada
Encontrar algún claro
Por los desiertos, sentarme,
Descansar de ti, pensarte,
Y echarte de menos,
Regresar otra vez y volver a amarte.

Carmen cano durán © ® 

PAQUITA LA DEL BARRIO - TRES VECES TE ENGAÑÉ-


EL CAMPO DI PALLONE NICOLA PIOVANI


miércoles, 3 de abril de 2013

NO FUE BACO


NO FUE BACO

Mi sed se transforma en palabra.
Significado por ti.
Soy las uvas que lentamente
desnuda Baco
hasta convertir en visible
esqueleto inútil.
Esqueleto. Vagabundeando.
Otros disfrutaron ya el aroma
de los vinos, el placer
de los sabores y las alegrías.
Otras alegrías diferentes a las tuyas.
Otros me destrozaron la piel.
Mientras, tú te perdías hambriento,
pensándote yo, en un lugar
tan cercano.
Que cuando quise acariciarte
eras ya un tornado imposible
y desorientado.
Y desorientada yo.
Que la vida me arrancó el alma
y tú ya no estabas.
Que se me destrozó el corazón
y no te sentí cerca para abrazarte.
Que di tumbos por asfaltos,
quizá buscándote, sin buscarte,
o buscando qué.
Con un por si acaso
que ordenaba mi emoción. Sin encontrarte.
Que te lo estoy diciendo
mirando tus ojos,
y no me oyes, no me quieres oír.
Dices. ¿ y dices algo?.
Nada.

Carmen Cano Durán © ® 
                                   
                                                            Pintura: Edward Hopper 

QUEBRADO


QUEBRADO


Mis posesiones.
¿ qué  hacer con lo que tengo?
Cada vez son menos.
Las manos llenas. Escurridizas.
Se me caen. Cayendo yo.
Y Pierdo. Me pierdo.
o un insulto de pensamientos
y alguna idea.
Transcripciones utilizando símbolos
Transcripciones relativas
Transcripciones con errores.

Almacén de recuerdos.
Almacén de sueños.
Almacén de nada y de todo.
Almacén de tiempos.
Materia gris.
Pergamino. El registro
Tintas de color.
Sangre.
Alma: disminuyendo.
Memoria  adelgazada.

Cada día, como puedo,
intento estar atenta
a los impulsos eléctricos.
Libres revolotean
las imágenes,
las palabras,
conexión de ideas
mal asociadas.
El entramado.
Engaño para mí misma.
La trampa.
La celada.


Carmen Cano Durán © ® 

PERSONIFICACIÓN


PERSONIFICACIÓN


Mi pluma se desliza por mí.
Arrastra colores y símbolos
configurando contenidos cual mecenas.

La dejo libre.
Todo es suficiente cuando se arrastra.
Mi pluma se está arrastrando.

¿ por qué no está ya, todo el dolor
resuelto?

Soy salvaje, primitiva, no lo entiendo.
Una bacante danzando junto a un río griego.
Mis harapos fueron arrojados
desde los cielos, desde un sólo cielo,
desde algunos incomprensibles cielos.

Soy tierra desnuda, ultrajada  por la naturaleza,

 Mi yo permanece sin fuerzas,
demostración cualitativa de mi propia extinción.

Me he cedido con cuitas y sin cuidados
a un fin que se aproxima.
Mi existencia! . Respiro adversidad.
El duelo del dolor no termina,
a veces intervalos engañosos.

                       Cómo engaña.
                     
                                            Desafiante..

                                     
                                           Regresa siempre.
                      

Antes   O   
                                                                           Después.


Terrible tormenta mental.
Se detuvo la cuenta atrás.
                                        
                                         Acechando - te.
                                         Acechando - me.                        

Carmen Cano Durán © ®